LLegué a la espantosa ciudad de Cumaná, dejé el coche a salvo y embarqué uno de los "tapaditos", botes que te privan de toda la gracia del paseo pero que en media hora te dejan en la península. Con la excusa de conocer un poco más, desembarqué en Manicuare, ejemplo de todo lo que reprobamos con esa rabia contenida que conoces y un tanto de ingenuidad. Embotada, me refugié en la primera licorería que encontré, y con una cerveza y un litro de agua volví a ese desastre arquitectónico encandilado por el sol, un camión me dejó en Araya, las vistas y el agua, sobre todo el agua, te llevan al país imaginario en el que muchos queremos vivir...

Ven y vamos...


Araya, sept-oct, 2005