Choroní, asusta. Siempre llego de madrugada con los insectos encandilados por las luces del auto, aplastados contra el parabrisas, curvas forzadas y oscuras que invitan al vacío.

Internarse en Choroní de noche es renacer en vilo. La palangana del diablo, vicios y milagros. Encuentro con la génesis de otra dimensión.

No sé por qué, pero esta mañana (y creo que durante la noche) experimenté la sensación del daño. Del que hacemos, del que nos hacen. Absurdo, pérdida de tiempo, tristeza fallida. Creo que tiene que ver con mi incapacidad de asimilar cronogramas no cumplidos, con ciclos que se cierran mal dando paso a otros apresurados, creo que tiene que ver con el temor de no saber qué hacer. De mi incapacidad de conclusión. Con esos temores inciertos que me asaltan las madrugadas de Choroní, que asustan y encantan porque ésta también soy yo.

Claro ésta es sólo mi percepción.